Yo nunca fuí una de esas personas que desde que eran pequeños soñaban con ser médicos, o abogados, o maestros...
Cuando acabe el bachiller, no sabía que me gustaba, así que hice un CFGS, de Dietetica, porque no quería dejar de estudiar. La verdad es que el Ciclo me gustó, pero no me llenaba.
Me fui a vivir sola a Sevilla cuando acabe el ciclo, y pasados unos meses, decidí estudiar la carrera de Dietetica, que ese mismo año habian ofertado en Sevilla. Por un infortunio, no aceptaron a nadie provenientes de ciclos superiores, así que me puse a ver las titulaciones, a ver si sentía un palpito y me decidia. No fue así.
Me matriculé en Magisterio, sinceramente porque considero que es un trabajo bien remunerado (si apruebas las oposiciones claro) y porque desde siempre he congeniado con los niños.
Hace un par de meses tuve la oportunidad de trabajar en un colegio. Fue una experiencia maravillosa. En ese colegio conocí a un niño que sufría acoso escolar. Me volqué en él, le protegí y le hice ver que el tenía valor para no soportar aquello. Pasó de ser un niño retraido, que lloraba por todo, a ser un niño comunicativo y alegre. Cuando me marché de Sevilla para venirme de nuevo a Jerez, fue muy duro despedirme de los niños, pero sobretodo de aquel niño en especial. Me dijo que me queria y que pensaría en mi para no olvidarse.
Aquellos niños con los trabajé me ayudaron a descubrir mi vocación...
Lo maravilloso de ser maestra no es lo que tú le ofreces a los niños, sino lo que ellos te dan incondicionalmente.